7  Biotecnología vegetal y plantas transgénicas

La biotecnología vegetal constituye un campo multidisciplinar en rápido crecimiento, cuyas aplicaciones han transformado de modo radical las prácticas y el potencial de la agricultura. Sumadas a otras innovaciones, las técnicas de , la y la selección asistida por marcadores moleculares permiten desarrollar variedades mejoradas en rasgos clave de interés agronómico.

Este apartado recorre cuatro planos que conviene no confundir, porque el debate público los mezcla con frecuencia: qué se puede hacer técnicamente, qué riesgos están documentados y cuáles solo se enuncian, qué permite la norma tras el cambio regulatorio europeo de 2026, y quién controla el mercado resultante. La tesis que los articula es que los tres primeros planos han recibido casi toda la atención pública mientras el cuarto, que es donde se juega buena parte del impacto social de esta tecnología, ha permanecido en segundo plano.

ImportanteNovedad de la versión 5-2026

Este apartado incorpora el Reglamento (UE) sobre plantas obtenidas mediante nuevas técnicas genómicas, aprobado definitivamente por el Parlamento Europeo el 17 de junio de 2026 y en vigor desde el 16 de julio de 2026 (Parlamento Europeo y Consejo de la Unión Europea, 2026). Su régimen de dos categorías modifica de raíz el marco jurídico que sirvió de referencia a las versiones anteriores de esta monografía, basado todavía en la sentencia del TJUE de 2018 (asunto C-528/16). En Sección 7.4 se examina con detalle.

7.1 Rasgos de interés agronómico y estrategias de mejora

Las herramientas biotecnológicas actuales permiten intervenir sobre un conjunto acotado de rasgos con impacto agronómico directo. Conviene distinguir desde el principio entre lo demostrado en condiciones de campo, lo validado únicamente en invernadero y lo que permanece en fase de prueba de concepto —una distinción que el debate público tiende a difuminar y que conviene tener presente al leer la literatura promocional del sector—.

Tolerancia a sequía y salinidad. Ligada a la acción de genes que regulan la absorción de agua y la respuesta al estrés osmótico. Dado que la escasez mundial de alimentos es causada principalmente por la sequía, resulta clave conocer los factores de pérdida de rendimiento de las variedades más cultivadas. En el arroz (Oryza sativa), el estrés hídrico afecta a sus características fisiológicas y morfológicas: división y elongación celular limitada, cierre de estomas, fotosíntesis reducida, inhibición de la germinación, reducción de macollos, madurez temprana y menor biomasa (Bhandari et al., 2023). En cebada (Hordeum vulgare), la dificultad deriva de la redundancia de las vías reguladoras que controlan las respuestas morfológicas y fisiológicas a la sequía en distintas etapas del desarrollo; comprender esa regulación molecular permitiría extender el cultivo a zonas áridas (Adel y Carels, 2023; Elakhdar et al., 2022; J. Wang et al., 2021).

Resistencia a plagas y enfermedades. Identificando genes de defensa vegetal e introduciéndolos en cultivos susceptibles, sin que su efecto resulte perjudicial para humanos y animales —la razón por la que ciertos genes de resistencia a insectos, virus y hongos han ido desapareciendo de las variedades seleccionadas por métodos tradicionales—. Su mayor ventaja, además del menor impacto ambiental, es la reducción del empleo de pesticidas (Buiatti et al., 2013).

Mejora de la calidad nutricional. Modificando contenidos de proteínas, vitaminas y micronutrientes puede enriquecerse el betacaroteno —precursor de la vitamina A— en el arroz, o lograrse perfiles de ácidos grasos más saludables, como parte de las estrategias contra la desnutrición. En productos fermentados, la edición del genoma de Bacillus subtilis permite mejorar el pH, los azúcares reductores, el contenido fenólico, las isoflavonas y la producción de licopeno de la leche de soja, además de atributos sensoriales relevantes para la industria alimentaria (Luo et al., 2023). La calidad nutricional puede mejorarse también con estrategias no genéticas, como la fermentación controlada (Bekhit et al., 2018).

Conviene añadir un matiz que el foco habitual en cereales oculta. Los cultivos frutales —plátanos, manzanas, cítricos, uvas, bayas— aportan nutrientes esenciales y representan una parte considerable del PIB de muchos países, y es en ellos donde la combinación de mejora convencional, agricultura intensiva, agroquímicos y mecanización ha dejado de ser una alternativa sostenible: la calidad y la productividad se deterioran mientras crecen los requerimientos alimentarios. Integrar la mejora convencional con genómica y edición genética es aquí una vía especialmente prometedora (Dongariyal et al., 2023).

Reducción de alérgenos. La familia de genes de α-gliadina del trigo contiene cuatro péptidos altamente estimulantes, de los cuales el 33-mer es el principal péptido inmunodominante en pacientes celíacos. Mediante modificaciones en una treintena de genes se ha conseguido reducir un 85 % la inmunorreactividad en algunas líneas, además de identificarse líneas libres de transgenes sin mutaciones fuera del objetivo (Sánchez-León et al., 2018). Por edición con CRISPR/Cas9 se han editado simultáneamente múltiples genes de glutelina en arroz sin afectar al rendimiento ni al sabor o la viscosidad, de interés para pacientes con enfermedad renal crónica y fenilcetonuria (Chen et al., 2022).

Mayor rendimiento de biomasa. Alterando vías de crecimiento y fotosíntesis para maximizar la producción en menor superficie. La fotosíntesis, sin embargo, no es más que un componente de la regulación del cultivo y debe estudiarse en coordinación con otros procesos: los del cloroplasto, los de la hoja y los de toda la canopia en el contexto del desarrollo general de la planta. Ese conocimiento de red funcional es esencial para mejorar la producción de trigo, y tiene implicaciones económicas notables para los biocombustibles (Ain et al., 2022; Driever et al., 2017; Murchie et al., 2023; Yan et al., 2023).

Producción de vacunas, fármacos y productos químicos industriales. Las plantas pueden servir de fábricas sostenibles para productos biofarmacéuticos de alto valor, con la ventaja de ser fácilmente escalables, rentables y seguras: no hospedan patógenos humanos ni animales. Realizan además modificaciones postraduccionales presentes en humanos y animales, de interés para modular la actividad biológica de proteínas recombinantes. La vacuna COVIFENZ®, producida a partir de Nicotiana benthamiana, fue aprobada en Canadá, y varias vacunas antigripales de origen vegetal están en distintas fases de ensayo clínico (Su et al., 2023).

7.1.1 La distancia entre el laboratorio y el campo

La enumeración anterior induce con facilidad a error si se lee como un catálogo de productos disponibles. No lo es: cada rasgo se encuentra en una fase distinta de desarrollo, y esa diferencia es justamente la que la comunicación promocional del sector tiende a comprimir.

Tabla 7.1: Estado de desarrollo de los principales rasgos, agosto de 2026. La columna central es la que conviene retener al leer titulares sobre «cultivos que resistirán el cambio climático».
Rasgo Madurez Observación
Resistencia a insectos (Bt) Comercial desde 1996, a gran escala El único con tres décadas de datos de campo; véase el caso Bt
Tolerancia a herbicidas Comercial a gran escala Rasgo dominante en superficie cultivada, ajeno a la mejora nutricional
Resistencia fúngica por edición Producto puntual en mercado Tomate slmlo1, trigo resistente al mildiú: validado, adopción limitada
Calidad nutricional Productos puntuales Tomate GABA en Japón, soja alto oleico; el arroz dorado sigue sin cultivo comercial
Reducción de alérgenos Prueba de concepto avanzada Trigo bajo en gluten: reducción del 85 %, no eliminación; sin autorización alimentaria
Tolerancia a sequía Ensayos de campo Rasgo poligénico: la complejidad regulatoria del carácter es el cuello de botella
Rendimiento fotosintético Investigación básica Mejoras demostradas en invernadero; extrapolación al campo no establecida

Un patrón que conviene advertir. Los dos rasgos que han alcanzado escala comercial masiva —resistencia a insectos y tolerancia a herbicidas— son los que benefician directamente al productor y al proveedor de insumos. Los que beneficiarían sobre todo al consumidor o a poblaciones vulnerables —calidad nutricional, reducción de alérgenos— llevan décadas en fase precomercial. La explicación no es técnica sino económica, y remite a lo dicho en Sección 7.5.

7.2 De la transgénesis a las nuevas técnicas genómicas

7.2.1 Qué cambia con la edición dirigida

La transgénesis clásica introduce en el genoma receptor una construcción génica procedente de otro organismo, con frecuencia de otra especie o reino, en una posición que el experimentador no controla. La edición dirigida hace algo distinto: modifica una secuencia que ya está en el genoma, en una posición elegida de antemano, sin necesidad de que permanezca material genético foráneo.

La analogía habitual —corregir un texto en lugar de pegar un párrafo ajeno— capta lo esencial, pero conviene no llevarla demasiado lejos. Corregir un texto también puede cambiar su sentido, y la precisión en el punto de corte no garantiza la previsibilidad del resultado fenotípico: un gen no es una frase con significado autónomo, sino un elemento de una red de regulación cuyos efectos dependen del contexto genético y ambiental.

La edición basada en es ya una herramienta esencial para la mejora de cultivos, por su capacidad de lograr alteraciones precisas y de apilar rasgos mediante multiplexación —editar varios genes en una sola operación—, algo que la mejora convencional solo consigue mediante ciclos sucesivos de cruzamiento y selección. Su uso se consolida en variedades de plátano (Musa sp.) resistentes a enfermedades (Tripathi et al., 2020), tomate —variedad slmlo1, no transgénica, resistente al oídio— (Nekrasov et al., 2017) y trigo harinero (Triticum aestivum) resistente al mildiú polvoriento (Y. Wang et al., 2014). Un antecedente conceptual del programa completo se encuentra en Ronald (2011), que articuló la relación entre genética vegetal, agricultura sostenible y seguridad alimentaria global.

7.2.2 La distinción jurídicamente decisiva

El punto conceptualmente crítico —y el que estructura todo el debate regulatorio europeo— es que la edición genómica dirigida puede producir plantas indistinguibles de las obtenidas por mutagénesis convencional o por variación espontánea. La nomenclatura habitual distingue tres supuestos:

Tabla 7.2: Tipos de intervención con nucleasas dirigidas y su estatuto respecto a la presencia de ADN foráneo.
Categoría Qué hace ¿ADN foráneo? Equivalente natural
SDN-1 Corte reparado por unión de extremos no homólogos: pequeñas inserciones o deleciones No Sí: mutación espontánea o inducida
SDN-2 Corte reparado con una plantilla que introduce cambios puntuales dirigidos No (la plantilla no se integra) Sí, si el alelo existe en la especie
SDN-3 Inserción dirigida de una secuencia completa, con frecuencia de otra especie No: equivale a transgénesis

La consecuencia práctica es de primer orden: en los supuestos SDN-1 y SDN-2 no existe método analítico que permita determinar, a partir de una muestra, si una planta fue editada o si la variante surgió de forma espontánea. La detección solo es posible si se dispone de información previa sobre el evento, lo que traslada el control de la analítica a la documentación. Es un desplazamiento con implicaciones para la trazabilidad, la certificación ecológica y la propia posibilidad de hacer cumplir una prohibición.

Que los tres supuestos de la Tabla 7.2 hayan estado sometidos al mismo régimen jurídico en la Unión Europea desde 2018 constituye el núcleo de la controversia que se aborda en Sección 7.4.

7.2.3 Qué ha llegado realmente al mercado

Frente al volumen de literatura publicada, el número de cultivos editados efectivamente comercializados sigue siendo reducido, y su recorrido ilustra bien la distancia entre viabilidad técnica y viabilidad regulatoria y comercial.

El primer producto editado que llegó al consumidor fue el tomate Sicilian Rouge High GABA, con contenido elevado de ácido gamma-aminobutírico, comercializado en Japón desde septiembre de 2021 por Sanatech Seed; en mayo de 2024 obtuvo en Filipinas un certificado de no cobertura por la normativa de OGM. En Estados Unidos, la soja Calyno de alto contenido oleico, obtenida por TALEN, llegó al mercado como aceite alimentario. En junio de 2024, variedades de plátano con pardeamiento reducido fueron clasificadas como no OGM en Filipinas (Venkataraman et al., 2025).

El contraste más instructivo lo ofrece el arroz dorado. Enriquecido en betacaroteno y presentado durante dos décadas como el argumento humanitario decisivo a favor de la ingeniería genética vegetal, obtuvo autorización en Filipinas para cultivo comercial y la vio revocada por vía judicial, de modo que sigue sin producirse a escala. Su trayectoria merece atención por lo que enseña sobre el conjunto del campo: un producto puede ser técnicamente viable, moralmente atractivo y aun así no llegar a existir, porque su suerte se juega en la litigación, la percepción pública y la ausencia de un actor con incentivo económico para sostenerlo. Quien quiera entender por qué la Tabla 7.1 tiene el aspecto que tiene encontrará aquí buena parte de la respuesta.

7.3 Evaluación de riesgos y evidencia acumulada

Las nuevas herramientas biotecnológicas proporcionan la capacidad de optimizar genomas vegetales para originar cultivos más productivos, resilientes y nutritivos, por lo que no resultan descabelladas las expectativas de una nueva revolución verde. Conviene, eso sí, recordar qué supuso la primera: un aumento extraordinario de la producción de cereales acompañado de una dependencia creciente de insumos externos —fertilizantes, riego, fitosanitarios— y de una reducción notable de la diversidad varietal cultivada. La analogía es útil precisamente porque no es tranquilizadora: sirve para preguntar qué se optimizó entonces, qué quedó fuera del cálculo y quién asumió los costes que no aparecían en él.

7.3.2 El riesgo que sí se ha materializado

Ninguno de los cuatro riesgos anteriores ha producido el problema que la experiencia de tres décadas sí ha confirmado: la evolución de resistencia en las poblaciones de plagas. Y merece atención por una razón metodológica antes que agronómica.

El seguimiento global más completo, que cubre los primeros veinticinco años de cultivo Bt, documenta que los casos de resistencia práctica pasaron de tres en 2005 a veintiséis en 2020, en once especies plaga —nueve lepidópteros y dos coleópteros— de siete países. En paralelo, treinta casos no muestran descenso alguno de susceptibilidad en dieciséis especies de diez países, y diecisiete casos constituyen alertas tempranas, detectadas por término medio 8,6 años después de la exposición al cultivo (Tabashnik et al., 2023).

La estrategia de contención más extendida es la de refugios: mantener cerca del cultivo Bt superficies con plantas hospedadoras sin la toxina, de modo que sobrevivan insectos susceptibles y la resistencia, si es recesiva, se diluya al cruzarse con ellos. Funciona, y hay evidencia de campo de que aumentar el porcentaje de refugio detuvo una escalada de frecuencia de mutaciones de resistencia en algodón. Pero su eficacia depende de que los agricultores lo apliquen, es decir, de que dediquen parte de su superficie a un cultivo que rendirá menos.

Por qué esto importa más allá de la agronomía. El caso ofrece un ejemplo limpio de una estructura recurrente en esta monografía: un riesgo real, previsible desde la biología evolutiva más elemental, gestionable con una medida conocida, cuya aplicación depende de un incentivo individual que apunta en dirección contraria al interés colectivo. No es un problema de seguridad del producto —que es donde se ha concentrado el debate público— sino de diseño institucional. Compárese con la estructura del problema regulatorio descrito en Sección 5.3.

7.3.3 Qué dice la literatura de revisión

Los estudios sobre seguridad, bajo diversos criterios y metodologías de evaluación de impacto ambiental, no justifican una desconfianza sistemática sobre las tecnologías de edición genética o transgénesis. Pese a lo que el debate público pudiera inducir a pensar, diversas revisiones que abarcan casi tres décadas coinciden en descartar un riesgo o peligro significativo directamente relacionado con el uso de cultivos transgénicos (Delaney et al., 2018; Nicolia et al., 2014).

Un elemento de esa literatura merece mención aparte, porque afecta a cómo debe leerse el resto: el análisis de conflictos de interés en la base de evidencia sobre seguridad alimentaria de los cultivos modificados (Sanchez, 2015). Una revisión que concluye ausencia de riesgo es tan sólida como la independencia de los estudios que agrega, y esa es una pregunta legítima que no equivale a rechazar la conclusión.

NotaPunto de método (CTS)

La afirmación «no hay evidencia de riesgo significativo» y la afirmación «hay evidencia de ausencia de riesgo» no son equivalentes. La primera es la que sostiene la literatura de revisión; la segunda es la que con frecuencia aparece en la comunicación pública del sector.

El deslizamiento tiene además una versión simétrica en el bando contrario: de «existe incertidumbre residual» se pasa a «existe riesgo». Ambos movimientos convierten una afirmación epistémica sobre el estado del conocimiento en una afirmación ontológica sobre el mundo, y ambos son un ejercicio de análisis de discurso aplicable a casi todos los casos del Capítulo 2.

7.4 El marco regulador europeo: el Reglamento NGT (2026)

Tras el acuerdo provisional entre Consejo y Parlamento de 4 de diciembre de 2025, el Reglamento sobre plantas obtenidas mediante determinadas nuevas técnicas genómicas fue aprobado en votación final el 17 de junio de 2026, publicado en el DOUE el 26 de junio y en vigor desde el 16 de julio de 2026, con aplicación efectiva a partir del 17 de julio de 2028 (Parlamento Europeo y Consejo de la Unión Europea, 2026). Establece dos categorías, resumidas en la Tabla 7.3.

Tabla 7.3: Régimen dual del Reglamento (UE) sobre nuevas técnicas genómicas, 2026.
Aspecto NGT-1 NGT-2
Criterio Plantas que podrían haber surgido de forma natural o por mejora convencional Resto de plantas obtenidas mediante NGT
Evaluación de riesgo No exigida Exigida: autoridades nacionales y Comisión
Etiquetado Solo semillas y material de reproducción Etiquetado de producto
Descendencia Sin controles adicionales Sujeta al régimen de autorización
Patentabilidad Permitida, salvo rasgos o secuencias existentes en la naturaleza o producidos por medios biológicos Ídem
Salvaguardas Medidas frente a la concentración de mercado; derecho del agricultor a conservar y resembrar semilla Ídem

El Reglamento resuelve una asimetría técnica evidente —la señalada en la Tabla 7.2— y alinea a la Unión con jurisdicciones que ya trataban SDN-1 y SDN-2 al margen del régimen de OGM. Deja abiertos, en cambio, al menos tres frentes.

Trazabilidad de facto de las NGT-1. Si el producto es analíticamente indistinguible de una variedad convencional, el etiquetado de semilla es el único punto de control, lo que condiciona la viabilidad de la agricultura ecológica coexistente y la capacidad de reacción ante un incidente. Adviértase que este problema no lo crea el Reglamento: lo hereda de la biología del procedimiento, descrita en Sección 7.2.2. Lo que el Reglamento decide es quién asume el coste de esa imposibilidad.

Interacción entre desregulación del producto y patentabilidad del proceso. Simplificar el acceso al mercado sin modificar el régimen de patentes puede reforzar la concentración empresarial en lugar de reducirla. Es el frente más consecuente y el peor comprendido; se analiza en Sección 7.5.

Legitimidad procedimental. Una decisión que altera el estatuto jurídico de una tecnología frente a una opinión pública dividida plantea la cuestión de en qué condiciones el conocimiento experto debe prevalecer sobre la preferencia mayoritaria, y por qué vía. Es un caso de manual para el análisis de descrito en el Capítulo 2, y se retoma en Sección 7.6 con los datos de opinión disponibles.

7.5 Concentración de mercado, patentes y dependencia

Distinto del riesgo sanitario o ambiental es el riesgo de dependencia respecto de empresas que operan en régimen de cuasimonopolio y mantienen estrategias comerciales muy agresivas de control del mercado de plantas y semillas, con repercusión en el coste de toda la cadena de suministro alimentario. No es un problema exclusivo de las biotecnologías, pero el potencial y la dimensión del sector obligan a tomarlo en serio, y puede requerir adaptaciones importantes en los marcos reguladores estatales y en los acuerdos internacionales de comercio.

7.5.1 Las cifras

La afirmación anterior es fácil de suscribir en abstracto y conviene sostenerla con datos. Sobre ventas de 2023, cuatro empresas concentran el 56 % del mercado mundial de semillas: Bayer con el 23 %, Corteva con el 19 %, Syngenta —propiedad de ChemChina— con el 10 % y BASF con el 4 % (ETC Group y GRAIN, 2025).

Dos observaciones sobre esa cifra. La primera es que el mercado de semillas y el de agroquímicos están integrados en las mismas compañías, de modo que la venta de una variedad tolerante a un herbicida y la del herbicida correspondiente responden a una única estrategia comercial. La segunda es que esta estructura no procede de la biotecnología: es el resultado de una oleada de fusiones entre 2016 y 2018 que redujo de seis a cuatro los grandes operadores. La biotecnología no creó la concentración, pero le proporciona el instrumento jurídico que la hace duradera.

7.5.2 Patentes sobre rasgos, no sobre invenciones

Ese instrumento es la patente. Conviene entender por qué su aplicación al material vegetal es problemática de un modo que no lo es en otros sectores.

La mejora vegetal disponía de un régimen propio —la protección de obtenciones vegetales— construido sobre dos excepciones características: el privilegio del agricultor, que permite conservar semilla de la propia cosecha para resembrarla, y la excepción del obtentor, que permite usar una variedad protegida como material de partida para desarrollar otra. Ambas reconocen que la mejora vegetal es acumulativa: toda variedad nueva se construye sobre las anteriores.

La patente no contempla ninguna de las dos. Y cuando recae sobre un rasgo —resistencia a un hongo, contenido de un compuesto— y no sobre un procedimiento concreto, puede alcanzar a cualquier planta que presente ese rasgo, incluidas las que lo poseían de forma natural y las obtenidas por otros medios. Es el punto que el Reglamento intenta acotar al excluir de la patentabilidad los rasgos o secuencias existentes en la naturaleza o producidos por medios esencialmente biológicos, y es también el que la práctica de las oficinas de patentes habrá de concretar.

7.5.3 La paradoja de la desregulación

De lo anterior se sigue el argumento que conviene someter a escrutinio, porque contradice la intuición inmediata.

Suele presentarse la simplificación regulatoria como una medida favorable a los actores pequeños: menos trámite, menos coste, más acceso. El razonamiento es válido para el coste de autorización, que efectivamente es una barrera de entrada que solo las grandes compañías amortizan con facilidad. Pero es incompleto, porque ignora la otra barrera. Si el acceso al mercado se abarata mientras el rasgo sigue siendo patentable, lo que se abarata es el uso de una tecnología cuyos derechos ya están mayoritariamente en manos de cuatro empresas. La barrera se desplaza del expediente regulatorio a la licencia, y en ese terreno la asimetría es mayor, no menor.

De ahí que las salvaguardas de la Tabla 7.3 —medidas frente a la concentración y garantía del derecho a conservar y resembrar semilla— sean, desde esta perspectiva, la parte más importante del Reglamento y la más difícil de hacer efectiva, porque operan sobre un régimen de propiedad industrial que el Reglamento no regula.

Este análisis enlaza directamente con el tratamiento de las biopatentes en el Capítulo 9 y con las condiciones de acceso en el Capítulo 10.

7.6 Percepción pública y comunicación del riesgo

Utilizada correctamente, la biotecnología vegetal va asociada a prácticas seguras y, en muchos aspectos, más eficientes y sostenibles que otras prácticas agrícolas tradicionales. Una regulación inadecuada o desproporcionadamente restrictiva puede tener consecuencias negativas en varios sentidos: pérdida de producción, mayor uso de insecticidas, escasez de alimentos (Qaim, 2009).

Hasta ahora, los cultivos Bt tolerantes a herbicidas y resistentes a insectos han sido los más utilizados. Los estudios de impacto no muestran un incremento constatable en riesgos específicos; por el contrario, resultan beneficiosos para agricultores y consumidores, con ganancias netas de bienestar agregado para agricultores de países en desarrollo, en ciertos aspectos con mayor margen de beneficio que en los países desarrollados. Pero, como en otras cuestiones que afectan a la salud humana o animal y al medio ambiente, el enfoque caso por caso para la evaluación rigurosa previa a la comercialización, con agencias independientes y personal experto, constituye una garantía fundamental a efectos de percepción pública (Woźniak-Gientka et al., 2022).

7.6.1 Lo que muestran los datos de opinión

La imagen de una ciudadanía europea uniformemente hostil a la biotecnología vegetal no se corresponde con las encuestas recientes, y conviene sustituirla por un cuadro más preciso.

Un 37 % de la ciudadanía de la Unión declara conocer las nuevas biotecnologías alimentarias como la edición genómica, ocho puntos más que en 2022. Solo un 9 % las menciona espontáneamente entre sus preocupaciones alimentarias, muy por detrás de otras cuestiones. Y un 69 % desea conocer mejor sus posibles riesgos (Comisión Europea y Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, 2025). En paralelo, el apoyo a legalizar la edición genómica pasó del 22 % en 2019 al 47,6 % en 2024, y la proporción de personas dispuestas a comprar alimentos con ingredientes modificados genéticamente subió del 35 % al 47,4 % (Venkataraman et al., 2025).

Tres lecturas se siguen de estos datos, y las tres son más interesantes que la conclusión fácil de que «la opinión está cambiando».

El desacuerdo no es sobre seguridad. Si solo un 9 % menciona las nuevas biotecnologías entre sus preocupaciones y un 69 % pide más información, el problema no es una convicción firme sobre el riesgo sino un déficit de familiaridad. Eso desmiente el diagnóstico de déficit de conocimiento en su versión habitual —«si supieran más, aceptarían»— y a la vez lo confirma en otra: la demanda de información existe y no está siendo satisfecha.

Lo divisivo es el etiquetado, no la técnica. En los ejercicios deliberativos con ciudadanos sobre nuevas técnicas genómicas, la cuestión que más divide es el etiquetado, y el consenso alcanzado fue una recomendación de listar las NGT por separado de los OGM en la lista de ingredientes. Es decir: la ciudadanía consultada no pide prohibición, pide poder distinguir. Y esa demanda choca frontalmente con la imposibilidad analítica descrita en Sección 7.2.2 y con el régimen de etiquetado de la Tabla 7.3, que para las NGT-1 solo alcanza a la semilla.

El alineamiento de actores no es el esperable. Frente a la desregulación se sitúan organizaciones ecologistas y parte del sindicalismo agrario; a favor, instituciones científicas junto a otras asociaciones de agricultores y administraciones regionales. Que el sector agrario aparezca en ambos lados indica que lo que está en juego no es la aceptación de una técnica, sino qué modelo de explotación resulta viable bajo un régimen determinado de propiedad de la semilla. Es la conexión entre este apartado y la Sección 7.5, y la razón por la que analizar la percepción pública como un problema de comunicación —de cómo explicar mejor la técnica— pasa por alto lo esencial.

El debate abierto desde mediados de la década de 1990 sobre la liberación de organismos modificados genéticamente al medio ambiente y la comercialización de alimentos derivados de cultivos transgénicos.

Los cultivos Bt expresan proteínas insecticidas procedentes de Bacillus thuringiensis, una bacteria del suelo cuyos preparados se venían empleando desde hacía décadas —incluso en agricultura ecológica— como insecticida de aplicación externa. La modificación consiste en que la planta produzca la proteína por sí misma. Esa continuidad con una práctica previamente aceptada es un dato que el debate público rara vez incorpora, y merece discutirse: ¿por qué la misma molécula resulta aceptable pulverizada e inaceptable expresada?

  • Clarificación de los aspectos científicos y de los elementos que han condicionado la opinión pública.
  • Diferencia entre OGM de primera, segunda y tercera generación.
  • Implicaciones ambientales: agricultura sostenible, disminución de pesticidas y de combustibles fósiles.
  • Implicaciones sociales y económicas: seguridad alimentaria, alimentos accesibles, cultivo local.
  • Actores concernidos, intereses en conflicto e influencia respectiva en el debate social.
  • Estado de la resistencia en poblaciones de plaga y eficacia real de la estrategia de refugios (Sección 7.3.2).
  1. ¿Debería permitirse la comercialización de variedades transgénicas resistentes a plagas en la Unión Europea? Constrúyase el mejor argumento en cada dirección antes de tomar posición.
  2. Actualización 2026. ¿Modifica el Reglamento NGT los términos de esta discusión, o los desplaza hacia el problema de la patentabilidad?
  3. Si una variedad NGT-1 es analíticamente indistinguible de una convencional, ¿qué sentido conserva el derecho del consumidor a la información? ¿Es un derecho a saber qué se come, o un derecho a saber cómo se produjo?
  4. Los datos de Tabashnik et al. (2023) muestran resistencia práctica en once especies plaga. ¿Debilita esto el caso a favor de los cultivos Bt, o solo indica que requieren un manejo que no se está aplicando? ¿Quién debería asumir el coste del refugio?
  5. La aceptación pública de las NGT crece mientras la demanda de etiquetado se mantiene. ¿Puede satisfacerse esa demanda sin renunciar a la simplificación regulatoria? Propóngase un mecanismo concreto.

Reparto de roles por grupos, con documentación previa asignada: empresa obtentora, agricultor convencional, agricultor ecológico, organización ecologista, autoridad reguladora nacional, asociación de consumidores e investigador público.

Cada grupo debe formular su posición sobre las cinco preguntas anteriores y, al final, identificar con qué otro actor tiene un interés compartido que no había previsto. El ejercicio suele revelar que las alianzas obvias —científicos frente a ecologistas— explican peor el mapa que las que atraviesan esa línea.

  • Buiatti et al. (2013) · dos puntos de vista científicos sobre los OGM en agricultura y alimentación.
  • European Parliamentary Research Service (2022) · análisis del Servicio de Estudios del Parlamento Europeo sobre nuevas técnicas genómicas.
  • European Commission (2006) · marco de la Comisión sobre organismos modificados genéticamente.
  • Parlamento Europeo y Consejo de la Unión Europea (2026) · el Reglamento de 2026.
  • Tabashnik et al. (2023) · veinticinco años de datos de resistencia.
  • Qaim (2009) y Woźniak-Gientka et al. (2022) · economía de los cultivos modificados y percepción pública.