4 Terapias génicas y manipulación de la línea germinal humana
Desde antes de los primeros ensayos con protocolos de terapia génica en los años noventa era obvio el potencial de la ingeniería genética para revolucionar el tratamiento de muchas enfermedades cuya base genética era bien conocida. El abordaje de terapia génica puede utilizarse para neutralizar o corregir defectos genéticos que causan enfermedades hereditarias —finalidad terapéutica— o para introducir nuevos genes que puedan proteger contra enfermedades adquiridas —finalidad preventiva y de mejora— (Wivel, 1994).
La terapia génica en células somáticas ha dejado de ser una promesa para convertirse en un sector clínico consolidado. Por definición, las células somáticas contribuyen a la estructura y funcionalidad de los diversos tejidos de un organismo, sin que los efectos de los cambios realizados en ellas puedan ser heredados por las generaciones futuras. Durante mucho tiempo la descripción habitual de este campo señalaba que pocos ensayos superaban las fases iniciales y que el repertorio de tratamientos disponibles era muy limitado. Esa descripción ha dejado de ser exacta, y conviene sustituirla por una lectura ajustada al estado actual: el problema ya no es la escasez de productos autorizados, sino su precio, su acceso y la sostenibilidad de los sistemas que deben financiarlos.
El seguimiento sistemático de la American Society of Gene and Cell Therapy permite sustituir las impresiones por datos (American Society of Gene and Cell Therapy, 2026). Los rasgos que definen la situación actual son cuatro:
- Del ensayo al producto. El catálogo de terapias celulares, génicas y de ARN autorizadas supera ya la cincuentena. Solo en 2024 la FDA aprobó ocho nuevas terapias celulares y génicas más seis indicaciones adicionales para terapias existentes, y el ritmo se mantuvo en 2025, con ocho aprobaciones nuevas.
- Concentración en enfermedades raras. De las ocho terapias génicas que alcanzaron fase III en el primer trimestre de 2026, siete se dirigían a enfermedades raras —paraplejía espástica hereditaria o hemofilia A, entre otras—. Es la consecuencia directa de un modelo que solo resulta viable donde no existe alternativa terapéutica.
- Volumen de investigación. Solo en terapias celulares no modificadas genéticamente hay más de ochocientos ensayos clínicos abiertos, a los que se suman los de terapia génica propiamente dicha y los de edición genómica.
- Cambio de marco regulatorio. A finales de 2025 la FDA publicó nuevas directrices para la aprobación de terapias celulares y génicas y, por primera vez, una hoja de ruta para autorizar terapias de edición genética personalizadas, que se examina en el Sección 4.3.
La consecuencia para la reflexión bioética es un desplazamiento del foco. Las preguntas clásicas sobre seguridad y eficacia no desaparecen, pero pierden centralidad frente a las de justicia distributiva: qué se investiga, para quién, a qué precio y con cargo a qué presupuesto. Ese desplazamiento se documenta en Sección 1.2.
Los enfoques técnicos existentes se basan en los resultados de una amplia investigación de laboratorio sobre células individuales y en organismos no humanos, estableciendo los medios para añadir, eliminar, silenciar o modificar genes en células u organismos vivos. Las perspectivas de futuras aplicaciones se han visto muy favorecidas por las mejoras en los métodos de edición del genoma, en particular el desarrollo de herramientas basadas en nucleasas (Doudna y Charpentier, 2014).
Un obstáculo importante ha sido conseguir la entrega segura y en la región precisa del material genético, en las células específicas objetivo del ensayo. Los vectores virales habitualmente utilizados para el transporte de genes al tejido diana pueden desencadenar respuestas inmunológicas adversas. Así ocurrió en 1999, cuando el estadounidense Jesse Gelsinger, de 18 años y enfermo de déficit de ornitina transcarbamilasa, participó en un ensayo clínico liderado por James M. Wilson. Gelsinger falleció cuatro días después por fallo multiorgánico, causado por una violenta respuesta inmunitaria al vector derivado de adenovirus utilizado en el tratamiento (Check, 2002; Rinde, 2019).
Otros problemas derivan de la integración del gen terapéutico en el genoma del huésped. La inserción en una ubicación no deseada podría interrumpir la acción de otros genes esenciales o activar genes reguladores o promotores del desarrollo de cáncer. A esto hay que añadir la dificultad para conseguir que el gen terapéutico se exprese al nivel correcto y durante el tiempo necesario, sin causar efectos no deseados; y los problemas asociados con la variabilidad genética entre pacientes, que complica la regularidad del efecto potencial. Pese a estas dificultades, se están dando avances que, bajo ciertas circunstancias, explican la aprobación de algunos tratamientos recientes contra alguna forma de ceguera heredada, hemofilia, atrofia muscular espinal y ciertos tipos de inmunodeficiencia combinada grave. Menos probable es el desarrollo de tratamientos efectivos contra enfermedades multigénicas como el cáncer, la diabetes o la enfermedad cardiovascular (Cao et al., 2021; Van-Assche et al., 2011).
Se están ensayando estrategias prometedoras para introducir, con distintos tipos de vectores virales, genes inductores de muerte celular programada, inhibición del crecimiento tumoral, estimulación del sistema inmunitario o sensibilización a tratamientos convencionales en las células cancerosas del paciente. El objetivo puede variar, ya sea aumentando la supervivencia o logrando la eliminación y control total del tumor (Charlesworth et al., 2022; Dunbar et al., 2018; Falabella et al., 2022; Pupo et al., 2022; Sui et al., 2022; Suzuki et al., 2022; Wacker et al., 2017).
Conviene retener, no obstante, que la consolidación del sector convive con una fragilidad estructural que se ha hecho visible en 2025-2026: varias terapias autorizadas han sido retiradas del mercado por falta de demanda solvente —el caso de Beqvez, examinado en Sección 1.2— y la industrialización de los tratamientos personalizados ha encontrado obstáculos económicos antes que técnicos. El editorial de Nature Medicine de 2026 que reclama «mantener el impulso» a las terapias génicas describe con precisión la paradoja: nunca hubo tantos productos eficaces disponibles ni tantas dificultades para que lleguen a los pacientes (Nature Medicine, 2026).
La aplicación más controvertida de la terapia génica es la dirigida a la edición de la Conjunto de células cuyas modificaciones genéticas se transmiten a la descendencia. Su edición deliberada en humanos está prohibida o severamente restringida en la mayoría de las jurisdicciones.Véase también: Eugenesia liberal, CRISPR/Cas9: la que tiene como objetivo la modificación del ADN de las células reproductoras, con el riesgo asociado de transmitir la modificación a la descendencia. La alta probabilidad de consecuencias no deseadas con las tecnologías disponibles, y el recurso a estas técnicas en contextos no terapéuticos, suscita preocupación por las cuestiones éticas que conlleva la perspectiva de posibilitar programas de elección de características sin relevancia médica en la descendencia, con técnicas de alto riesgo a las que no pueden dar su consentimiento quienes sufrirían las consecuencias. Este horizonte no se considera compatible con la dignidad humana en la mayor parte de los países con capacidad para desarrollar investigación biomédica avanzada. Pero es obvio que para algunas enfermedades genéticas, y bajo criterios preventivos de salud pública en contextos muy específicos, podría ser un abordaje eficaz (Gyngell et al., 2016; Harsij et al., 2024; Ma et al., 2017).
Los programas que incluyen diseños de terapia génica en línea germinal no pueden eludir los antecedentes del debate social sobre la eugenesia y el tipo de ingeniería social que los movimientos eugenésicos lograron introducir en la agenda política de muchos países desarrollados durante la primera mitad del siglo XX. Si con tecnologías verdaderamente rudimentarias se llegó a normalizar el deseo de mejorar la descendencia en rasgos como la inteligencia o la capacidad atlética, cabe imaginar un horizonte de igual o mayor complejidad con tecnologías mucho más precisas y sobre un trasfondo de conocimiento más extenso sobre la relación entre perfiles genéticos y rasgos fenotípicos. En Europa y Estados Unidos son múltiples los obstáculos —prohibición, en la práctica— para investigar con programas de terapia génica en la línea germinal. Pero los marcos reguladores deben ser revisados y actualizados a medida que evoluciona la tecnología, puesto que para ciertos casos el umbral de seguridad y beneficio asociado no parece muy lejano (Greely, 2019; National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine, 2017). El tratamiento pormenorizado de este debate corresponde al Capítulo 5.
Objetivos de los ensayos actuales con terapia génica en línea germinal; potencial y limitaciones actuales de la técnica; estimación del riesgo de mutaciones no deseadas y sus consecuencias; y la mejora asociada al uso de herramientas como Sistema de edición genómica derivado de un mecanismo inmunitario procariota, que emplea un ARN guía para dirigir una nucleasa Cas a una secuencia diana específica, donde produce un corte de doble cadena reparado después por la maquinaria celular.Véase también: Edición genética, SDN (nucleasas dirigidas a sitio).
- ¿Hay elementos para deducir que la terapia génica en línea germinal ha superado su etapa experimental?
- ¿Ha quedado demostrado su potencial, especificidad y validez en modelos animales?
- ¿Es aceptable el riesgo asociado para su aplicación en humanos?
- ¿Qué garantías y opciones existen para evitar las mutaciones fuera del objetivo y sus efectos perjudiciales en el contexto del genoma humano completo?
Modificar la línea germinal supone abrir una línea de actuaciones y decisiones que afectarán a generaciones que aún no han nacido y que, por tanto, no pueden dar su consentimiento ni expresar sus preferencias.
- ¿Cómo representamos adecuadamente los intereses de esos individuos futuros en el debate actual?
- ¿Existe una probabilidad verosímil de que un riesgo adverso derivado de la terapia génica persista en la población durante generaciones? ¿Qué herramientas comparativas cabe utilizar?
Véanse Knoppers y Kleiderman (2019), Lander et al. (2019), Cavaliere (2017) y Moreno Muñoz (2021).
La discusión sobre generaciones futuras no debe eclipsar la pregunta simétrica: ¿quién representa los intereses de los enfermos actuales? La fibrosis quística es el contraejemplo más elocuente. Fue una de las primeras enfermedades consideradas para terapia génica y, más de tres décadas después, no existe ninguna terapia génica aprobada para ella. Los obstáculos son conocidos: la complejidad de la entrega de un gen CFTR funcional, las barreras del epitelio pulmonar, la necesidad de expresión sostenida y la respuesta inmune a los vectores virales (Cooney et al., 2018).
El contraste plantea una cuestión de justicia distributiva que rara vez se formula: la cautela regulatoria protege a quienes aún no existen, mientras quienes padecen la enfermedad hoy asumen el coste de la espera. Ninguna de las dos consideraciones anula a la otra, y esa es precisamente la dificultad.
- Consideración reflexiva de beneficios y riesgos asociados.
- ¿Qué elementos debería incluir un marco ético adecuado?
- ¿Qué esquema de participación de actores concernidos sería deseable?
Investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard han dado un paso decisivo en el desarrollo de una terapia genética para personas con síndrome de Usher tipo 1F, una enfermedad rara que causa sordera y ceguera progresiva.
El equipo ha logrado administrar una versión corregida del gen defectuoso responsable (PCDH15), restaurando la audición en modelos de ratón y constatando el potencial en organoides de retina y primates no humanos para mejorar la visión. Es la segunda terapia génica experimental para el síndrome de Usher desarrollada por el laboratorio de David Corey, en el Instituto Blavatnik de la HMS; investigaciones anteriores habían demostrado que una estrategia distinta podía restablecer la audición en ratones (Ivanchenko et al., 2024).
Para la discusión. El síndrome de Usher afecta a la vez a la audición y a la visión, lo que lo sitúa en el centro del debate sobre la sordera como identidad cultural y no solo como déficit. ¿Modifica ese debate el hecho de que la intervención se dirija simultáneamente a los dos sentidos? ¿Y que se administre en edad temprana, cuando la persona no puede consentir? Estas cuestiones enlazan con la discusión sobre autonomía reproductiva del Capítulo 5.
4.1 La clonación reproductiva: riesgos y marco regulador
La clonación reproductiva es un procedimiento técnico dirigido a conseguir la reproducción asexual de un individuo mediante transferencia nuclear de células somáticas: se introduce en un óvulo enucleado el núcleo de una célula somática, con su dotación genética completa, obtenida del individuo que se quiere clonar. El óvulo así modificado se activa eléctrica o químicamente para que se divida y pueda ser implantado en el útero de una madre sustituta, donde se desarrolla hasta el nacimiento. Fue el método utilizado por Ian Wilmut para crear la oveja Dolly en 1996, el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta (I. Wilmut et al., 1997).
No obstante, conviene disponer de cierta perspectiva sobre el recurso a la clonación como técnica de laboratorio. El procedimiento tiene muchas más aplicaciones en investigación que las asociadas con la noción popular de replicar organismos completos. En el laboratorio, la clonación se asocia con el proceso de copiar moléculas individuales, células o fragmentos de ADN:
| Aplicación | En qué consiste |
|---|---|
| Clonación molecular | Crear copias exactas de segmentos de ADN. El fragmento se inserta en un vector, que se introduce en una bacteria; al reproducirse esta, también lo hace el gen, generando múltiples copias. |
| Producción de proteínas | Una vez clonado el gen, las células bacterianas —o de levadura, o de mamífero— pueden cultivarse para producir la proteína que codifica. Así se producen hoy proteínas esenciales en medicina, como la insulina. |
| Investigación genética | La clonación de genes específicos permite manipularlos para entender su función: alterar nucleótidos y comprobar cómo afecta a la proteína o al desarrollo de un organismo modelo. |
| Terapia génica | En contexto traslacional, clonar una versión funcional de un gen defectuoso, introducirlo en cultivo celular y ensayar modificaciones orientadas a tratar una enfermedad sin opciones terapéuticas. |
| Investigación con células troncales | Obtener líneas de células troncales genéticamente idénticas al individuo, inducibles a diferenciarse en distintos tejidos, con aplicaciones en trasplantes y medicina regenerativa. |
| Conservación de especies | Último recurso para conservar especies en peligro, o a partir de muestras de especies desaparecidas, insertando el óvulo en una hembra de especie evolutivamente cercana. |
Estas aplicaciones bastan para entender que la clonación es una herramienta valiosa en biotecnología e investigación biomédica, ya que permite manipular y estudiar genes y proteínas a un nivel detallado, propiciando avances en biología fundamental y del desarrollo.
La clonación terapéutica o de investigación interrumpe el desarrollo del embrión más allá de la fase en la que puede observarse el efecto biológico buscado. Una de sus aplicaciones es la obtención de células pluripotentes, o en diversos estados de diferenciación (Watanabe et al., 2023; Ian Wilmut, 2004).
- Ansede, M. (14 de junio de 2024). Entrevista al biólogo Jacob Hanna: «Si hacer un modelo de feto humano es controvertido, lo haré sin corazón ni cerebro». El País. https://elpais.com/ciencia/2024-06-14/jacob-hanna-biologo-si-hacer-un-modelo-de-feto-humano-es-controvertido-lo-hare-sin-corazon-ni-cerebro.html
- Regalado, A. (4 de agosto de 2022). «This startup wants to copy you into an embryo for organ harvesting». MIT Technology Review. https://www.technologyreview.com/2022/08/04/1056633/startup-wants-copy-you-embryo-organ-harvesting/
Objetivos de la técnica. Se aprovecha el potencial de las células de la piel humana para reprogramarlas de manera que puedan autoorganizarse y formar una estructura muy parecida a un embrión. El equipo de Jacob Hanna ha logrado recrear un modelo de 14 días, pero su objetivo es más ambicioso: cultivar una estructura viva lo más similar posible a un feto humano, con extremidades y órganos desarrollados, como base para obtener células aptas para trasplantes personalizados.
Límites del procedimiento. El equipo ha cultivado en laboratorio —sin espermatozoides, óvulos ni útero— estructuras parecidas a un embrión humano de 14 días. En ratones alcanzan el día 13 de un desarrollo de 20, equivalente al día 70-75 humano. Aunque disponen de incubadoras donde el modelo se alimenta por difusión, es un sistema artificial: cuando la estructura crece, los tejidos profundos no reciben nutrientes y se alcanza el límite de viabilidad.
Hanna cuestiona que un modelo de embrión sea sinónimo de embrión, y señala que las diferencias biológicas son importantes. Sostiene que también las células madre son una forma de vida, y que países como España permiten trabajar con blastocistos. Más que debatir la procedencia del término, sugiere que lo importante es constatar si hay cognición y estructuras capaces de generar dolor, lo que en la especie humana no ocurre hasta la mitad del embarazo.
Conviene señalar que la cuestión terminológica no es inocente: de la denominación depende el régimen jurídico aplicable. Las directrices ISSCR de 2025 abordan precisamente ese vacío, y se examinan en el Capítulo 6.
Hanna reconoce que su investigación resulta incómoda para un sector de la opinión pública, y asume como deber explicar por qué la lleva a cabo. Enfatiza que se ignoran todavía muchas cosas del desarrollo humano, incluyendo adónde van las células que forman las estructuras embrionarias. Aclara que no se trata de llevar a término un embarazo completo en el laboratorio: la suya no es una alternativa técnica al embarazo.
Considera interesante imitar el embrión «porque es como una impresora 3D»: fabrica órganos. Aprovechan que las células madre se autoorganizan y han descubierto las condiciones que permiten iniciar el proceso. «Puede que nunca seamos capaces de recapitular esta complejidad, pero hemos tenido suerte y hemos descubierto que esto ocurre y cómo desencadenarlo.»
Analizados los factores sociales y culturales que el investigador tiene en cuenta para avalar su investigación, ¿son suficientes y pertinentes en relación con los objetivos? ¿Qué implicaciones éticas tienen estas afirmaciones?
- «Si soy un paciente de leucemia, es muy difícil encontrar un donante. Con esta tecnología obtienes las células de la piel del paciente, las reprogramas […] y puedes cultivarlas el mínimo número de días, que es 35 o 40, para obtener células del hígado. […] La pregunta no es si esto es ético o no es ético, la cuestión es vivir o no vivir.»
- «Pensemos ahora en una mujer que ha recibido quimioterapia por un cáncer, ya está curada, pero ya no tiene óvulos. ¿Tiene derecho a dar sus células de la piel, reprogramarlas, llegar al día 60, obtener un ovario temprano, cultivarlo 30 días más y tener óvulos?»
- «Para hacer ovarios o células sanguíneas en el hígado, no necesitas los lóbulos frontales del cerebro, ni siquiera el corazón. Basta con un racimo de órganos. […] No podemos dejarnos llevar por miedos extravagantes estilo Frankenstein.»
- «Son células, un racimo de órganos. […] Si intentásemos llegar al día 150, quizá me haría preguntas, pero si usas estas células madre de desarrollo restringido, no son un ser humano, no son una persona.»
Texto de partida: Juan Carlos Izpisúa: «Corregiremos el síndrome de Down dentro del útero humano» (3 de agosto de 2017). El Mundo. https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2017/08/03/5982312bca4741c9438b45eb.html
Aspectos relevantes
- ¿Por qué el investigador y su equipo han elegido estudiar la miocardiopatía hipertrófica como base para el refinamiento de las técnicas de modificación de embriones?
- ¿Qué les impide dar el paso a la transferencia embrionaria?
- ¿Por qué es tan importante el uso de fondos federales y ajustarse a sus requerimientos éticos?
- Pese a las limitaciones actuales, ¿considera probable que haya problemas durante el desarrollo embrionario o tras el nacimiento?
- ¿Cómo cabe interpretar el hallazgo inesperado —el uso del ADN materno para reparar la mutación en lugar del ADN inyectado—? ¿Qué implicaciones tendría, de confirmarse? Véase Ma et al. (2017).
- ¿Por qué los obstáculos económicos o de acceso equitativo no serían un problema insalvable?
- ¿Cuál es el centro del proyecto: tratar el síndrome de Down o abordar la mutación autosómica responsable de la patología cardíaca en atletas jóvenes sanos?
- El objetivo declarado es «corregir solo células progenitoras de órganos afectados». ¿Resta interés o lo hace interesante por alguna razón de peso?
- El investigador se muestra contrario a la mejora, pero acepta con entusiasmo la investigación para prevenir el envejecimiento. ¿Supone esto alguna contradicción?
Lectura complementaria: J. C. Izpisúa, «Dentro de dos décadas podremos prevenir el envejecimiento», El País. https://elpais.com/ciencia/2022-03-07/dentro-de-dos-decadas-podremos-prevenir-el-envejecimiento.html
Nota sobre el encuadre. El titular promete una aplicación —corregir el síndrome de Down in utero— que el propio contenido de la entrevista no sostiene: el proyecto se dirige a una mutación cardíaca concreta y a células progenitoras. Es un ejercicio idóneo para aplicar el análisis de encuadres desarrollado en el Sección 2.2.
4.2 Un difícil balance entre riesgos y beneficios
Incluso para fines como la preservación de especies en peligro de extinción, la reproducción asistida de personas infértiles o con enfermedades genéticas cuya transmisión se quiere evitar, los procedimientos actuales de clonación conllevan riesgos y limitaciones —baja eficiencia, pérdida de diversidad genética, efectos desconocidos a largo plazo en la salud de los clones— que dificultan la normalización de su empleo con fines reproductivos. No puede excluirse de entrada que, bajo ciertas circunstancias, el recurso a la clonación reproductiva pueda pasar el filtro de algún comité de ética en países con marcos reguladores menos restrictivos. Pero plantea una serie de cuestiones éticas y jurídicas que han generado un intenso debate a escala mundial.
Desde el punto de vista legal se han propuesto objeciones basadas en una supuesta violación de la dignidad y los derechos humanos de los clones, involucrados sin su consentimiento en procesos de mercantilización de la vida humana que resultan ajenos a las intuiciones comunes sobre medios aceptables para materializar el deseo de descendencia (Jones y Galvin, 2007).
Artículo 11. No deben permitirse las prácticas que sean contrarias a la dignidad humana, como la clonación con fines de reproducción de seres humanos. Se invita a los Estados y a las organizaciones internacionales competentes a que cooperen para identificar estas prácticas y a que adopten en el plano nacional o internacional las medidas que corresponda, para asegurarse de que se respetan los principios enunciados en la presente Declaración.
Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos (UNESCO, 1997).
En realidad, muchas de estas objeciones están desplazadas a escenarios extremos, de características distópicas o bajo gobiernos autoritarios. Tales especulaciones no deberían considerarse absurdas —en muchos casos la realidad de los abusos posibles con otras tecnologías supera a la ficción—, pero sirven de poco para entender los riesgos y ventajas reales de las técnicas de clonación en su fase actual de desarrollo (Chesney y Citron, 2018).
Tampoco resultan verosímiles los supuestos programas de producción en masa de individuos clonados con características favorables para fines corporativos o estatales. Dado que mejorar la eficacia de las técnicas de clonación reproductiva en humanos necesitaría el recurso éticamente inaceptable a personas que podrían ser dañadas, no es previsible que la baja eficacia de la técnica —difícilmente supera el 2 % de los intentos— facilite su estandarización a medio plazo.
Esto se debe en gran medida al efecto de la reprogramación epigenética aberrante, el factor causal más probable del fracaso del desarrollo de los embriones clonados y de las anomalías en la descendencia. Es un problema sin solución satisfactoria hasta la fecha, pese al intenso trabajo de varios grupos que ensayan estrategias para evitar la reprogramación anormal mediante la modulación de la metilación del ADN y las modificaciones de histonas (Niemann et al., 2008; Srirattana et al., 2022).
Son las consideraciones de seguridad y eficacia técnica, en definitiva, el principal obstáculo para la aceptación ética y legal de la clonación reproductiva en humanos. Los embarazos tras la implantación del óvulo clonado conllevan mayores riesgos de salud que la reproducción natural para las gestantes. La probabilidad de defectos congénitos y alteraciones epigenéticas que acortan la longevidad de los clones es significativamente alta. Y parte del objetivo del programa queda comprometido por la interacción entorno-genoma durante el desarrollo, que induce cambios con efecto potencial en rasgos psicológicos y conductuales. Si se añade el alto coste del procedimiento, resulta difícil imaginar un contexto verosímil de aceptación (Tian et al., 2003; UNESCO, 2005).
Por último, es importante considerar hasta qué punto las preocupaciones sobre seguridad y eficacia refuerzan las objeciones de tipo pragmático, que incluyen cierta desconfianza hacia las instancias reguladoras para supervisar el seguimiento de las normas y guías de buenas prácticas en la diversidad de contextos, públicos y privados, donde se desarrolla la investigación biomédica. Sobre todo en la delgada línea que separa la finalidad terapéutica de la mejora, donde se materializan otras preocupaciones sobre la instrumentalización de la vida humana (Annas et al., 2002; Heyden et al., 2009; Horres et al., 2006; Jedwab et al., 2020; Juengst, 1997; Lei y Qiu, 2020; May, 2015; Sheehan, 2015; Shepherd et al., 2007).
I. El caso coreano: trabajos de Woo Suk Hwang (Universidad Nacional de Seúl, 2004-2005). II. El caso chino: trabajos de He Jiankui (Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur, Shenzhen, 2018).
Aspectos relevantes
- Antecedentes y aspectos comunes.
- El problema de la investigación multicéntrica en el ámbito internacional y el doble estándar ético.
- Justificación de los responsables del equipo investigador.
- Otras malas prácticas asociadas y déficit de supervisión institucional.
- Reacción de la comunidad experta y visibilidad mediática.
- Impacto en la investigación relacionada y en el acceso a financiación.
- Impacto en la percepción pública.
Referencias: Moreno Muñoz y Feinholz Klip (2006); Moreno Muñoz (2010); Alonso y Savulescu (2021); Lei y Qiu (2020).
Actualización. La trayectoria posterior de He Jiankui —imposibilidad de reconstituir su posición institucional, traslado a una zona de reglas más laxas y arbitraje entre jurisdicciones— se examina en el Sección 2.3. Conviene incorporarla al caso: el interés no está solo en la transgresión, sino en lo que ocurre después con quien la comete.
4.3 Terapias n-de-1 y la vía de mecanismo plausible
El desarrollo más relevante del bienio 2025-2026 no es una técnica nueva sino un cambio en el modelo regulatorio, y afecta directamente al equilibrio entre garantía de evidencia y urgencia terapéutica que este apartado viene examinando.
En mayo de 2025 se administró a un recién nacido, KJ Muldoon, diagnosticado de una forma grave de deficiencia de carbamoil-fosfato sintetasa 1, una terapia de edición de bases diseñada específicamente para su mutación. El trayecto desde la identificación de la variante hasta el fármaco de grado clínico se completó en unos seis meses, frente a los años que exige el desarrollo convencional (Musunuru et al., 2025). La viabilidad del procedimiento descansa en un enfoque de plataforma: la mayor parte de los componentes permanece constante y solo se personaliza el ARN guía correspondiente a la mutación del paciente.
Sobre ese precedente, la FDA propuso en noviembre de 2025 una vía regulatoria específica —el plausible mechanism pathway— para terapias génicas personalizadas dirigidas a enfermedades ultrarraras, en las que resulta imposible por definición reunir una cohorte suficiente para un ensayo controlado. La autorización se apoyaría en la plausibilidad del mecanismo molecular —una abnormalidad celular o molecular específica e identificada— en lugar de en la demostración estadística de eficacia (U.S. Food and Drug Administration, 2025).
El estándar de evidencia. Sustituir la demostración de eficacia por la plausibilidad del mecanismo invierte medio siglo de doctrina regulatoria construida precisamente sobre el fracaso de los tratamientos plausibles pero inútiles. La justificación es sólida —para una enfermedad con tres pacientes en el mundo no hay ensayo posible—, pero el criterio de cuándo una enfermedad es «suficientemente rara» para acogerse a la vía queda por definir, y todo umbral es un incentivo.
La equidad. Una terapia diseñada para un único paciente carece por construcción de mercado. ¿Quién la financia? El caso de KJ Muldoon se sostuvo sobre una colaboración académica y filantrópica excepcional. En agosto de 2026, la empresa que se proponía industrializar ese modelo abandonó el programa (Mast y DeAngelis, 2026), lo que sugiere que el obstáculo no es técnico sino económico: sin mercado no hay escala, y sin escala el procedimiento sigue siendo un privilegio del caso mediático.
La asimetría en la supervisión. El mismo bienio que produjo el caso KJ produjo también, en otra jurisdicción, la muerte no comunicada de una niña de seis años en un ensayo de edición de bases dirigido al cerebro para un trastorno no letal, con señales de toxicidad preclínica desatendidas (Sección 2.3). Ambos episodios comparten técnica, urgencia y ausencia de cohorte comparativa. Los distingue el marco de supervisión y de publicidad de los resultados. Leerlos juntos es el mejor antídoto contra la lectura ingenua de la flexibilización regulatoria.
En marzo de 2025, una iniciativa multiactor promovida entre otros por la American Society of Gene and Cell Therapy propuso una moratoria de diez años sobre la edición germinal hereditaria. El debate posterior ha girado sobre una distinción que conviene retener: una moratoria temporal presupone que el obstáculo es de madurez técnica y que el tiempo lo resolverá; una prohibición presupone que el obstáculo es de principio. La elección entre ambas fórmulas no es un matiz jurídico, sino la expresión de dos concepciones distintas de por qué la línea germinal merece un trato especial.