6  Uso experimental de embriones humanos

El uso experimental de embriones humanos es otro de los temas sujetos a intenso debate público en las últimas décadas, ya que implica manipular o destruir entidades biológicas que podrían tener potencial para desarrollarse como seres humanos en las condiciones adecuadas. La necesidad de ampliar el conocimiento biológico sobre las fases iniciales del desarrollo humano sustenta múltiples proyectos de investigación que involucran manipulación de embriones —no viables, sobrantes de tratamientos de fecundación in vitro u obtenidos mediante reprogramación genética inducida en —, con el horizonte verosímil de aplicar el conocimiento obtenido al desarrollo de terapias innovadoras para enfermedades genéticas y degenerativas.

La manipulación de embriones para una finalidad distinta de la estrictamente terapéutica siempre ha sido considerada inaceptable por los grupos bioconservadores. Aparte del riesgo de ocasionar secuelas permanentes derivadas de la intervención en las primeras fases cruciales del desarrollo individual, se enfatizan otros aspectos —estatus moral de los embriones, consideraciones de dignidad humana— que se supone deben condicionar la interpretación de los textos constitucionales en países con códigos morales o religiosos dominantes, articulados en buena medida al margen de cómo evolucionan las técnicas de reproducción asistida y sus aplicaciones biomédicas (Fukuyama, 2002; Kass, 2002).

6.1 Dos posiciones y el terreno intermedio

La posición más conservadora considera que los embriones tienen, desde la concepción, un estatus moral prácticamente idéntico al de las personas nacidas, y merecen la máxima protección jurídica; en consecuencia, cualquier experimentación con ellos sería contraria a la ética. Desde una perspectiva menos esencialista se asume que el estatus moral de los embriones no es equiparable al de las personas, y que su protección es compatible con el empleo para fines de investigación en circunstancias específicas que lo justifiquen, por lo general en proyectos orientados al desarrollo de nuevos tratamientos para enfermedades graves.

Conviene advertir desde el principio que el desacuerdo no se resuelve aportando más biología. Ambas posiciones pueden compartir íntegramente la descripción embriológica y seguir discrepando, porque lo que está en juego es qué propiedades confieren estatus moral y cuándo aparecen. Lo que sí hace la biología es desplazar el terreno donde el desacuerdo se plantea, y eso es exactamente lo que ha ocurrido con las técnicas que este apartado examina: entidades que hace veinte años no existían obligan hoy a preguntar si las categorías heredadas siguen sirviendo. Katrien Devolder ofrece la reconstrucción más ordenada de las posiciones en liza (Devolder, 2015).

6.1.1 Para qué se necesitan embriones

El empleo de embriones humanos resulta pertinente cuando se busca comprender en detalle procesos que ocurren en las primeras fases del desarrollo: factores implicados en el crecimiento, identificación de genes asociados a enfermedades —alrededor de un 10 % de las enfermedades graves tiene este factor subyacente—, aspectos de la regulación genética o las señales que llevan a la diferenciación de células, tejidos y órganos (Lu et al., 2019; Nussbaum et al., 2015).

Otro aspecto relevante atañe al papel de la diversidad genética humana en el riesgo de enfermedad, sea por mutaciones raras o comunes implicadas en la susceptibilidad. Los estudios de asociación pangenómicos y las técnicas de secuenciación avanzada han mostrado la mayor frecuencia de ciertas mutaciones en determinadas poblaciones y áreas geográficas, y también su papel en la respuesta variable a tratamientos comunes —para la infección por hepatitis C, por ejemplo— (Baird et al., 1988).

El conocimiento del desarrollo embrionario resulta insustituible para avanzar en medicina regenerativa, de la que podría beneficiarse casi cualquier rama de la biomedicina. Una herramienta fundamental son las (iPSC), con capacidad de diferenciarse en cualquier tipo celular. El procedimiento resultó relativamente simple desde el punto de vista técnico —basta la célula huésped y un cóctel definido de cuatro factores de transcripción, denominados colectivamente OSKM—, pero los mecanismos subyacentes a la reprogramación mediada por factores de transcripción aún no se conocen bien (Takahashi y Yamanaka, 2016).

Controlar a voluntad esa característica resulta crucial para el desarrollo de terapias regenerativas dirigidas a enfermedades como el párkinson, la diabetes tipo 1 o las lesiones de médula espinal. Los avances en la eficiencia de la técnica pueden hacerla más versátil y aplicable no solo en medicina regenerativa, sino en el modelado de enfermedades y el descubrimiento de fármacos (Murry y Keller, 2008).

La tecnología actual permite generar prácticamente cualquier tipo de célula diferenciada a partir de embrionarias y establecer nuevos modelos de desarrollo de mamíferos como fuente de células para medicina regenerativa e ingeniería de tejidos, lo que reduciría el empleo de animales de experimentación. Se han dado pasos importantes en la modelización de la gastrulación en cultivo y en la inducción eficiente de endodermo, mesodermo y ectodermo, así como de muchos de sus derivados. En el proceso se han identificado nuevos progenitores multipotenciales para las líneas hematopoyéticas, neurales y cardiovasculares, y se han desarrollado protocolos para la generación eficiente de un amplio espectro de tipos celulares: células hematopoyéticas, cardiomiocitos, oligodendrocitos, neuronas dopaminérgicas y células beta pancreáticas inmaduras (Murry y Keller, 2008; Suda et al., 2020).

Las células madre específicas de órgano generan células especializadas de un órgano concreto y se utilizan con éxito en la reparación de tejidos como el dental y el periodontal. Aunque no tienen exactamente las mismas propiedades que las de origen embrionario en todos los aspectos relevantes, las iPSC ofrecen posibilidades nuevas: permiten derivar tejidos con información genética de pacientes específicos, lo que habilita el estudio de enfermedades y las terapias personalizadas; y permiten generar gametos para tratar la infertilidad, ampliando el conocimiento sobre las disposiciones espaciotemporales de los tejidos embrionarios y extraembrionarios necesarias para la implantación (Hendriks et al., 2015; Hyun et al., 2020; Imamura et al., 2013; Yamanaka, 2012).

Por la novedad y las combinaciones posibles de estas técnicas, el marco regulador ha de revisarse con frecuencia para garantizar un uso ético y socialmente responsable de una tecnología con extraordinario potencial biomédico. Tiene difícil justificación asociar a las iPSC —o a los blastocistos obtenidos por agregación celular— las mismas características que suscitan los interrogantes éticos referidos a los embriones humanos o a las células troncales de origen embrionario (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, 2003).

Estos modelos pueden facilitar la investigación más allá de la barrera consensuada de los catorce días o del inicio de la gastrulación, y perfeccionar las metodologías de cultivo de modo que incorporen características clave del desarrollo temprano de los mamíferos con la fidelidad necesaria —una alternativa que reduciría el uso de animales, los cuales tampoco replican con la precisión deseable las enfermedades humanas—. Son aspectos que sustentan de modo verosímil las expectativas de beneficio, a sopesar en el debate ético con los riesgos. Incluso al margen del curso que siga la discusión sobre la protección que merecen los embriones humanos, las preocupaciones sobre la seguridad de las terapias derivadas de células madre embrionarias están justificadas: las modificaciones o la reprogramación pueden convertirlas con facilidad en cancerosas o capaces de inducir respuestas inmunitarias no deseadas (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, 2003).

Los modelos del embrión se han construido con células madre de ratón y humanas para reproducir el desarrollo de partes del embrión propiamente dicho y de los tejidos extraembrionarios del concepto.

En ratón. Los blastoides se asemejan al concepto preimplantatorio de 3,5 días, contienen análogos de los tres linajes que forman el embrión, la placenta y el saco vitelino, y recapitulan aspectos de la implantación uterina. Los modelos ETX se asemejan a las regiones internas del concepto posimplantatorio de 6,5 días y forman células de tipo gastrulante. Los gastruloides se asemejan a las partes medial y posterior del embrión de 8,5 días y forman rasgos de los tres ejes ortogonales.

En humano. El trabajo está menos avanzado pero sigue una trayectoria similar: los modelos epiblasto-amnióticos recapitulan la formación de la cavidad amniótica y la gastrulación, mientras que los cultivos sobre micropatrones 2D modelan aspectos del patrón posimplantatorio.

Los días 7-9 y el día 14 del desarrollo humano son hitos biológicos que delimitan la aparición de propiedades específicas: la capacidad de implantarse en el útero y la formación de la línea primitiva —gastrulación—, respectivamente (Hyun et al., 2020).

El trabajo del equipo de Jacob Hanna con embriones sintéticos de ratón posgastrulación, generados ex utero a partir de células madre embrionarias en estado naíf, marcó el punto de inflexión técnico del campo (Tarazi et al., 2022). El material audiovisual publicado con el artículo permite observar el desarrollo del modelo y constituye el mejor recurso disponible para la discusión en clase.

El caso paralelo de la reprogramación de células de la piel para formar cuasiembriones humanos se examina en Sección 4.1; conviene leer ambos de forma consecutiva, porque plantean el mismo problema desde dos puntos de partida distintos.

  1. ¿Qué hace que un modelo sea «un modelo de» algo y no ese algo? Formúlese el criterio antes de aplicarlo a los blastoides.
  2. Los hitos del día 7-9 y del día 14 marcan capacidades biológicas —implantación, gastrulación—. ¿Por qué una capacidad biológica habría de tener consecuencias morales? ¿Cuál sería el argumento?
  3. Si un modelo de ratón alcanza la organogénesis ex utero, ¿qué se sigue para el caso humano? Adviértase que la inferencia no es automática, y véase Sección 6.5.

6.2 Clonación no reproductiva

Las técnicas de forman parte de protocolos de investigación con finalidades muy diversas, la mayoría de las cuales se analizan en otros apartados de esta monografía. El tratamiento pormenorizado de la clonación como técnica de laboratorio, con su tabla de aplicaciones, corresponde a Sección 4.1, donde se examinan también los riesgos y el marco regulador de la clonación reproductiva.

Lo que interesa retener aquí es la distinción que el marco regulador europeo considera decisiva y que la discusión pública tiende a difuminar: la clonación no reproductiva interrumpe el desarrollo del concepto en la fase en que puede observarse el efecto biológico buscado, y no persigue el nacimiento de un individuo. La ambigüedad de la expresión «clonación humana» en el debate mediático —que suele evocar la reproducción de un individuo completo cuando lo que está en juego es la obtención de líneas celulares— es un caso de manual del fenómeno analizado en el Capítulo 2: el término técnico y el término popular no designan lo mismo, y la confusión no es neutral en sus efectos regulatorios.

6.3 Opciones de mejora tecnológica

Un programa de mejora cognitiva y funcional de seres humanos admite versiones y objetivos factibles a través de tecnologías diversas, tanto biológicas como no biológicas (Moreno Muñoz, 2016). La consiste en ampliar o extender las capacidades básicas de la mente mediante el aumento u optimización de nuestros sistemas de procesamiento de información. Resulta pertinente aquí el concepto de cognición de Anders Sandberg, que la define como «los procesos que un organismo utiliza para organizar la información: percepción, selección (atención), representación (entendimiento) y retención (memoria); y, sobre esa base, orientar el comportamiento y la respuesta motora» (Sandberg, 2011).

La literatura sobre mejora cognitiva de la última década ha prestado mucha atención a las intervenciones genéticas, farmacológicas o neurobiológicas destinadas a perfeccionar aspectos de la biología humana asociados con la memoria, los procesos de atención y el control emocional (Lucke et al., 2014; Lynch, 2014). Pero no constituyen el único dominio de tecnologías con potencial verosímil para la misma finalidad. Las hay que no resultan tan controvertidas y quedan fuera del radar de las objeciones distópicas —las que enfatizan, por ejemplo, el riesgo de dinámicas de control social sustentadas en un empleo masivo de psicofármacos o de sistemas de vigilancia vía implantes nanoelectrónicos realizados bajo coerción—.

Las intervenciones sociales y educativas convencionales con potencial para mejorar la función cognitiva pueden amplificarse extraordinariamente gracias a la convergencia de desarrollos en informática, tecnologías de la información e inteligencia artificial. Existen miles de dispositivos cuyo hardware y software se ha convertido ya en el medio de acceso a servicios y contenidos que millones de personas demandan como extensión natural de sus facultades biológicas o adquiridas. Sus usuarios se benefician rutinariamente de aplicaciones capaces de potenciar algún subsistema cognitivo implicado en tareas de cálculo, lenguaje o visualización, sin necesidad de corregir patologías específicas, por lo que en términos estrictos cabe considerarlos dispositivos de mejora cognitiva (Sandberg, 2011).

6.3.1 Tecnologías no biológicas

Entre las tecnologías basadas en materiales, dispositivos o sistemas que no son de origen orgánico cabe incluir la robótica, la inteligencia artificial, la nanotecnología, la electrónica o la biónica. Pueden combinarse entre sí para crear soluciones que mejoren las capacidades cognitivas y funcionales —control motor, precisión, velocidad, resistencia—.

Robótica e inteligencia artificial. La robótica integra un amplio conjunto de disciplinas científicas e ingenieriles dedicadas al diseño, construcción y operación de máquinas capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia o habilidad humana. La inteligencia artificial estudia cómo crear sistemas informáticos que simulen o superen algunas capacidades humanas: aprendizaje, razonamiento, percepción o detección de patrones. La combinación de ambas puede dar lugar a robots inteligentes aptos para asistir, complementar o sustituir a los humanos en diversas actividades. Robots de cierto tipo —no necesariamente los más avanzados— pueden ayudar a personas con discapacidad física o cognitiva a realizar tareas cotidianas y mejorar su autonomía (Łukasik et al., 2021; Park et al., 2021; Yuan et al., 2021).

Robots colaborativos. En entornos exigentes de producción industrial, los robots diseñados para colaborar con trabajadores humanos —cobots— pueden incrementar la productividad, la creatividad y el bienestar de amplios colectivos. Los robots industriales son artefactos comunes desde hace décadas, pero su despliegue ya no se limita a los recintos de seguridad que los separan de la interacción con personas. A diferencia de los costosos sistemas de automatización tradicionales, los colaborativos resultan más asequibles, versátiles y fáciles de programar y mantener, lo que ha posibilitado entornos donde habilidades humanas y robóticas se complementan; podría ser un factor decisivo de competitividad para las pequeñas y medianas empresas. El aspecto relevante es el proceso coevolutivo que involucra a humanos y máquinas como actores necesarios para imaginar soluciones a problemas complejos en situaciones de incertidumbre, reestructurando las rutinas de trabajo e incentivando la adquisición de nuevas habilidades (Arora y Arora, 2020; Wallace, 2021).

Exoesqueletos, prótesis avanzadas e implantes. Pueden integrarse con el cuerpo humano para mejorar funciones sensoriales, motoras o comunicativas. Algunos exoesqueletos permiten levantar hasta noventa kilos repetidamente con el esfuerzo requerido para levantar cinco, y correr a velocidades y con umbrales de resistencia superiores al promedio humano. Ciertas prótesis robóticas gestionadas por IA permiten un control fluido de los movimientos, lo que las hace útiles para rehabilitar pacientes y ayudarles a recuperar movilidad perdida por lesión o enfermedad.

Nanotecnología y electrónica. La combinación de ambas puede dar lugar a nanodispositivos capaces de interactuar con el cuerpo humano a nivel celular o molecular, con fines diagnósticos, terapéuticos o de mejora: monitorizar el estado de salud, liberar fármacos, estimular el cerebro o conectar el sistema nervioso con interfaces externas. Es un dominio muy versátil, todavía en fase temprana, en el que se trabaja intensamente en el diseño de nanorrobots médicos para observar y reparar tejidos internos, remover placas ateroscleróticas, destruir tumores o liberar fármacos con precisión (Kasabov y Havukkala, 2005; Londhe y Bhadale, 2022; Rojo et al., 2017).

Biónica. Se ocupa del estudio e imitación de sistemas y procesos naturales para diseñar soluciones artificiales. Entre sus aplicaciones figuran exoesqueletos, órganos artificiales, implantes cocleares y prótesis biónicas, orientados a restaurar o mejorar capacidades funcionales. Un ejemplo con implicaciones de justicia distributiva: las prótesis de bajo coste para miembros superiores de niños y adultos afectados por guerras, desastres naturales, accidentes o enfermedad, elaboradas por voluntarios de todo el mundo que utilizan impresoras 3D y el software de código abierto de e-NABLE para fabricarlas y hacerlas llegar sin coste a quienes las necesitan; más de diez mil personas se han beneficiado ya de esta iniciativa en comunidades con pocos recursos sanitarios. La integración de tecnologías puede llevar la biónica a niveles notables en un horizonte cercano: prótesis inteligentes equipadas con sensores que detectan la intención del usuario, robots biomiméticos que imitan el movimiento de animales e insectos, y materiales bioinspirados que replican propiedades de los materiales biológicos (Lv et al., 2021).

6.3.2 Qué se sigue de todo esto

Estas tecnologías pueden facilitar la adaptación e integración laboral y social de personas con limitaciones funcionales, sensoriales y cognitivas. Igual que sirven para recuperar habilidades deterioradas, podrían aplicarse en programas de optimización para lograr rendimientos superiores al promedio. Flexibilidad cognitiva, rapidez de adaptación a nuevos entornos de problemas y mejora de la intuición o de la empatía constituyen objetivos genuinos de los programas de mejora, además de otros —precisión, velocidad, fuerza, memoria— en los que los sistemas entrenados con herramientas de IA superan con facilidad a los seres humanos.

Pocas tecnologías resultan neutrales en sus contextos de uso, y es obvio que las indicadas pueden desplegarse de modo que aumenten las desigualdades en lugar de reducirlas. No obstante, algunas presentes en dispositivos asequibles para más de dos tercios de la población de los países en desarrollo probablemente estén teniendo un efecto parecido al que tuvo en su momento la alfabetización general o la introducción de la aritmética en el sistema educativo: reducir la desigualdad de oportunidades y multiplicar los procesos autónomos de reflexión y decisión informada. Como señala Allen Buchanan, es improbable que decaigan los incentivos para sucesivos programas de mejora, ligados al potencial de estas tecnologías y al hecho de que los rasgos con valor adaptativo son dinámicos (Buchanan, 2011a, 2011b).

Esto no excluye que puedan generar dependencia psicológica o emocional en ciertos usuarios, además de aislamiento y dificultad para mantener la percepción del límite entre lo natural y lo artificial. Tampoco es descartable que, por delegar en exceso funciones y tareas, aumente el riesgo de empobrecimiento cognitivo o de reducción del rango de experiencias socialmente valiosas. Como en toda tecnología, el debate sobre sus implicaciones sirve para ejercicios de prospectiva, para detectar lagunas del marco regulador y para alertar a usuarios incautos frente a expectativas exageradas en tecnologías no validadas, sin evidencia suficiente de especificidad y eficacia (Andersen, 2012).

  • Uso de tecnologías con interfaces cerebro-máquina para la rehabilitación cognitiva de pacientes con dificultades de atención o pérdida de facultades.
  • Análisis de la evidencia disponible en la literatura relevante.
  • Revisión crítica de los criterios de control experimental: en este campo, la calidad del enmascaramiento y del grupo control determina buena parte de los resultados publicados.
  • ¿Las mismas tecnologías de lectura y modulación de la actividad cerebral son útiles en programas de mejora cognitiva de personas sanas?
  • ¿Se pueden aumentar habilidades como la memoria y la atención mediante dispositivos conectados al cerebro?
  • La estimulación transcraneal profunda, ¿resulta desproporcionadamente invasiva frente a alternativas como el electroencefalograma?
  • ¿Cabe identificar casos cuya interpretación no deje dudas sobre eficacia, validez y especificidad de la técnica? ¿Cómo ha sido su recepción crítica en la comunidad científica?
  • Revísense piezas informativas sobre la escasa revisión crítica de estas aplicaciones en el ámbito académico.

La estimulación transcraneal por corriente directa reúne las condiciones que hacen difícil el juicio: un mecanismo fisiológico plausible, efectos pequeños y heterogéneos, un mercado de dispositivos domésticos que se adelantó a la evidencia y una cobertura mediática que trató los resultados preliminares como hallazgos consolidados. La expresión «gorros para pensar» con la que la criticaron Chambers, Bestmann y Rusconi en 2011 sigue siendo el mejor resumen del problema (Chambers et al., 2011).

No se trata de decidir si la técnica funciona o no. Se trata de establecer qué haría falta para saberlo, y de examinar por qué una tecnología puede sostenerse comercialmente durante quince años sin que esa pregunta se responda. Compárese con los criterios de demarcación discutidos en el Capítulo 2.

6.4 Posibilidades de mejora biotecnológica

Las tecnologías no biológicas ofrecen gran flexibilidad en el diseño de materiales, dispositivos y sistemas, pero no siempre alcanzan niveles de eficiencia, sofisticación y funcionalidad equiparables a los de los sistemas biológicos. El recurso a las biotecnologías en los programas de mejora se justifica por la ventaja que el uso y modificación de organismos vivos o de sus componentes supone en términos de compatibilidad y afinidad con las funciones del cuerpo humano. Múltiples ensayos clínicos en curso y protocolos de investigación han sido diseñados a partir del conocimiento sobre cómo aprovechar la capacidad de los seres vivos de autoorganizarse, autorrepararse y evolucionar, con expectativas verosímiles de hacer realidad tratamientos para problemas sin solución satisfactoria. El conocimiento interdisciplinar acumulado permite sortear obstáculos derivados de la complejidad, incertidumbre y variabilidad de los sistemas biológicos, que dificultan su estudio, control y predicción en prácticamente todos los niveles de organización (Ma’ayan, 2017).

Incluso las diferencias entre organismos modelo y cuerpo humano se van reduciendo gracias a las tecnologías que permiten diseñar y modelos genéticamente humanizados en los que estudiar in vitro el desarrollo de órganos, la homeostasis y los procesos causantes de enfermedad. En medicina regenerativa, la tecnología de organoides permite generar cultivos tridimensionales in vitro específicos de cada paciente, a partir de células madre o progenitoras tanto primarias como reprogramadas. Estos desarrollos han impulsado los programas de generación de tejidos y órganos para trasplante: sangre, piel, corazón, hígado, páncreas, tejido nervioso y cortical, tejido muscular, hueso (Kaffe et al., 2023; Landecker y Clark, 2023; Lehrich y Monga, 2023).

Aunque el desarrollo de organoides plantea desafíos específicos relacionados con la configuración tridimensional adecuada para su inserción en los tejidos diana —se ha comprobado, por ejemplo, que la morfología del tejido influye en el programa temporal del desarrollo de organoides de cerebro humano—, el recurso a células troncales controlando los procesos de diferenciación permite cultivar in vitro casi cualquier tipo celular en grandes cantidades, con propiedades modificables genéticamente para adaptarlas al sistema inmunitario del receptor o corregir defectos genéticos en el contexto relevante de expresión in vivo (Chiaradia et al., 2023).

De este modo se sortean algunos inconvenientes éticos y legales de la experimentación directa con seres humanos y se abre una vía de solución —el empleo de quimeras, por ejemplo— a la escasez de órganos de donantes y al problema del rechazo inmunológico (Devolder, 2015; Palacios-González, 2017).

En muchos aspectos, y pese a los riesgos mencionados en apartados anteriores, las biotecnologías actualmente en desarrollo constituyen el único abordaje prometedor para múltiples problemas de salud, desarrollo, envejecimiento y deterioro considerados hasta hace muy poco inherentes a la condición humana (Harris, 2010; Kasbekar et al., 2023).

  1. Ventajas de los organoides frente a los cultivos bidimensionales.
  2. Características y aplicaciones posibles.
  3. Posibilidades en la regeneración de tejido neural.
  4. Variación semanal en la proporción de células de distinto tipo.
  5. Posibilidad de sistemas computacionales híbridos (bioelectrónicos).
  6. Interés de los organoides como modelos de desórdenes neurológicos.
  7. Evaluación de ventajas, desafíos y aspectos no bien resueltos.
  8. Consideraciones éticas.
  • Smirnova, L. et al. (2023) sobre inteligencia organoide y biocomputación, con las figuras 1 a 5 del artículo (Smirnova et al., 2023).
  • Kageyama, T. et al. (2022) sobre reprogramación de microentornos tridimensionales para la inducción de folículos pilosos in vitro (Kageyama et al., 2022).
  • Gazerani, P. (2023) sobre organoides cerebrales humanos en la investigación de la migraña (Gazerani, 2023).
  • Jalink, P. y Caiazzo, M. (2021) sobre organoides cerebrales como modelo humano de trastorno neurológico (Jalink y Caiazzo, 2021).
  • Kumar, A. et al. (2023) sobre análisis unicelular y espacial de plataformas de organoides (Kumar et al., 2023).

El apartado 8 del guion no es un trámite. La organoid intelligence propone utilizar organoides cerebrales como sustrato computacional, y ahí la pregunta por la posible aparición de capacidad sintiente deja de ser especulativa para convertirse en una condición de diseño experimental. Nótese que es el mismo criterio —la capacidad de formar circuitos neurales— que reaparece en Sección 6.5 como uno de los cuatro atributos moralmente relevantes propuestos para la supervisión de los modelos embrionarios. Conviene discutir si ese criterio hace el mismo trabajo en ambos contextos.

Considerar el envejecimiento como el mayor factor de riesgo para la mayoría de las enfermedades crónicas lo sitúa en el foco de atención de los inversores que analizan oportunidades emergentes en sociedades que envejecen con rapidez. En consecuencia, el campo se está expandiendo junto con un creciente interés de la industria por la investigación sobre el envejecimiento como contexto para el desarrollo de nuevos tipos de fármacos (Meron et al., 2022).

Advertencia de método. Este desplazamiento —de la enfermedad al envejecimiento como diana— tiene consecuencias regulatorias que suelen pasar inadvertidas: el envejecimiento no está tipificado como enfermedad, de modo que un fármaco que lo tuviera por indicación carecería de la vía de aprobación que existe para cualquier patología. Buena parte de la actividad del sector consiste en resolver ese problema por medios distintos de la evidencia.

  1. Control dependiente de la edad de los procesos de mantenimiento celular. La regulación de la estabilidad del genoma y la proteostasis. Con la edad se acumulan mutaciones somáticas —mosaicismo somático— que generan una carga mutacional capaz de reducir la estabilidad transcripcional.
  2. Vías de longevidad. Los fármacos dirigidos a estas vías tienen efecto positivo sobre la esperanza de vida en varios organismos modelo. La rapamicina la prolonga actuando a través de mTOR; en D. melanogaster, el tratamiento temprano y breve la prolonga tanto como el crónico, con aumento sostenido de la autofagia. Otra vía bien estudiada es el metabolismo del NAD y su descenso dependiente de la edad.
  3. Envejecimiento cerebral. Asociado al deterioro conductual, puede mejorarse aumentando los niveles de neurotransmisores. Un cribado de ARN de interferencia en C. elegans mostró que la sobreexpresión de los reguladores epigenéticos BAZ2B y EHMT1 reduce los niveles de serotonina y dopamina y la función mitocondrial; la expresión de ambos correlaciona positivamente con la progresión del alzhéimer.
  4. Edad y mortalidad por COVID-19. La señalización de activina aumenta con la edad y es especialmente elevada en pacientes con síndrome de dificultad respiratoria aguda.
  5. Estrés celular. Si el envejecimiento es la pérdida progresiva de salud, tiene sentido centrar el tratamiento en medicamentos para la salud y no contra la enfermedad. La hormesis —cómo la inducción de estrés regula al alza las respuestas adaptativas— abre perspectivas de interés.
  6. Restricción dietética. Con la edad disminuye el ARN pero aumenta la elongación de la ARN polimerasa II, lo que sugiere menor productividad. Afecta preferentemente a genes largos, cuya expresión se suprime, generando un conjunto de ARN desequilibrado. La restricción dietética compensa el efecto reduciendo el daño al ADN y aliviando el estrés de transcripción.
  7. Rejuvenecimiento de células madre. El agotamiento de las células madre es una característica del envejecimiento. Las células madre hematopoyéticas envejecidas se localizan en grupos alejados del endostio, y solo las funcionales se ubican en los sinusoides. Resultan refractarias a las intervenciones de rejuvenecimiento sistémico: no se ven afectadas por la exposición a células sanguíneas jóvenes ni por la restricción dietética. Esto sugiere centrar la atención en retrasar el envejecimiento antes que en revertirlo.
  8. Senolíticos. El trasplante de células senescentes en ratones jóvenes propaga la senescencia a otras células y órganos y aumenta la fragilidad. El tratamiento conjunto con dasatinib y quercetina inhibió las vías antiapoptóticas de las células senescentes en ratones.
  9. Modelos segmentarios. Como el envejecimiento es multifacético, modelos parciales —un órgano, otro organismo, un trastorno humano que imite parte del proceso— permiten estudiar mecanismos distintos. Las herramientas de aprendizaje automático ayudan a identificar enfermedades con rasgos de envejecimiento acelerado.
  10. Relojes de envejecimiento y biomarcadores. Pueden entrenarse con datos de ómicas unicelulares, movimiento, parámetros sanguíneos, encuestas y factores psicológicos. Se trabaja en un reloj epigenético unicelular. Los relojes multitejido han mostrado rejuvenecimiento durante la embriogénesis temprana en ratones y humanos: la línea germinal envejece durante el desarrollo y hasta la edad adulta, pero rejuvenece en la descendencia tras la concepción, volviendo a un punto de partida.
  11. De lo preclínico a lo clínico. Las terapias eficaces dependen del recorrido desde el descubrimiento de fármacos hasta los ensayos en humanos, pasando por los organismos modelo.
  12. La industria de la longevidad. Varias empresas han adoptado estrategias nuevas de descubrimiento de fármacos, y en ciertos casos se plantea modificar los marcos regulatorios para desarrollar medicamentos que extiendan la vida útil.

Este es el ejercicio central del caso. Contrástese el informe técnico (Meron et al., 2022) con dos registros distintos:

Preguntas. ¿Qué afirmaciones del informe técnico sobrevivirían a una traducción honesta al registro divulgativo? ¿Qué papel juega el horizonte temporal —«dentro de dos décadas»— en la construcción de expectativas? ¿Quién asume el coste si la expectativa no se cumple? Este análisis enlaza con el Capítulo 2 y con el tratamiento de las declaraciones de Izpisúa en Sección 4.1.

6.5 Modelos embrionarios derivados de células madre

Los apartados anteriores describen técnicas que, tomadas de una en una, encajan sin excesiva dificultad en las categorías regulatorias existentes. Su combinación, en cambio, ha producido en los últimos cinco años entidades que no encajan en ninguna: agregados celulares que reproducen aspectos del desarrollo embrionario temprano sin proceder de la fecundación de un óvulo. Son los modelos embrionarios derivados de células madre, conocidos por sus siglas inglesas SCBEM (stem cell-based embryo models).

Este apartado se ocupa de ellos por una razón que conviene explicitar: constituyen el caso más claro de la monografía en que una novedad técnica desborda no ya una norma concreta, sino el vocabulario con el que las normas están escritas.

6.5.1 El problema empieza en el nombre

La prensa los llamó «embriones sintéticos», y la expresión resultó doblemente engañosa. Hannah Landecker y Amander Clark lo formularon con precisión en el título de su intervención: los modelos embrionarios humanos hechos de células pluripotentes no son sintéticos, y tampoco son embriones (Landecker y Clark, 2023).

No son sintéticos porque no se ensamblan a partir de componentes químicos definidos: se obtienen dejando que células vivas se autoorganicen, de modo que el investigador crea las condiciones pero no dicta el resultado. Y no son embriones porque, hasta donde la evidencia disponible permite afirmarlo, ninguno de los modelos humanos existentes tiene capacidad de desarrollarse hasta el nacimiento si se transfiriera a un útero.

Esta segunda parte es la que sostiene todo el edificio regulatorio, y también la más frágil. La legislación de la mayoría de los países define al embrión por su origen —el producto de la fecundación— y le atribuye protección en función de su potencial. Un modelo embrionario tiene un origen distinto y un potencial incierto. La consecuencia práctica es que en muchas jurisdicciones estas entidades no están reguladas ni prohibidas: simplemente no están contempladas, y ese vacío no es una posición deliberada del legislador sino un desfase temporal. Ana Iltis y colaboradores documentaron la magnitud del hueco en una revisión sistemática de la literatura jurídica y de políticas (Iltis et al., 2023).

El argumento del potencial, que estructuró el debate sobre el embrión durante cuatro décadas, resulta aquí especialmente incómodo. Pereira Daoud y colaboradores lo analizan con una noción útil, la de conmutadores de potencialidad: si una entidad adquiere o pierde potencial de desarrollo según las condiciones de cultivo que el experimentador decida aplicar, entonces el potencial deja de ser una propiedad intrínseca de la entidad y pasa a serlo del sistema entidad-más-laboratorio. Un criterio moral que dependa de una decisión técnica reversible tiene un problema de fundamentación (Pereira Daoud et al., 2024).

6.5.2 La regla de los catorce días

El límite de catorce días —o el inicio de la gastrulación, lo que ocurra antes— procede del informe Warnock de 1984 y se convirtió en el consenso internacional de facto para la investigación con embriones humanos. Su justificación biológica es la formación de la línea primitiva, momento a partir del cual ya no puede haber gemelación y cabe hablar de un individuo determinado.

Conviene entender qué tipo de norma es. Como argumentó Giulia Cavaliere, la regla de los catorce días nunca fue el resultado de un descubrimiento sobre cuándo comienza la relevancia moral: fue un instrumento de gobernanza diseñado para hacer posible la investigación estabilizando el desacuerdo, no para resolverlo (Cavaliere, 2017). Hurlbut y colaboradores reconstruyeron su génesis y llegaron a una conclusión afín: la regla funcionó porque delimitaba un espacio de permisión que ambas partes podían aceptar sin renunciar a sus premisas (Hurlbut et al., 2017).

Esa naturaleza explica su fragilidad actual. Durante treinta años el límite fue inocuo porque nadie sabía cultivar embriones humanos más allá de nueve días; era una restricción sin coste. Cuando en 2016 se alcanzaron los trece días in vitro, el límite pasó a ser operativo por primera vez, y la presión para revisarlo apareció de inmediato. Las directrices de la ISSCR de 2021 eliminaron la prohibición categórica y la sustituyeron por un procedimiento: la investigación más allá de catorce días puede autorizarse caso por caso si la normativa local lo permite y existe respaldo público (Lovell-Badge et al., 2021). En 2025, un grupo de investigadores propuso abiertamente en Nature una hoja de ruta hacia un límite de veintiocho días (De Los Angeles et al., 2025).

ImportanteUn matiz que se pierde con frecuencia

Se lee a menudo que «la ISSCR ha abandonado la regla de los catorce días». No es exacto. Lo que hizo fue convertir una prohibición en un procedimiento de autorización, condicionado a la normativa nacional y al respaldo público. La diferencia importa, puesto que una prohibición no requiere justificar cada caso, mientras que un procedimiento sí. El debate sobre este asunto gana bastante cuando se evita mezclar tras aspectos que con frecuencia se confunden: si el límite tiene fundamento biológico, si funciona como instrumento de gobernanza, y quién decide cuándo se mueve.

6.5.3 La gobernanza en construcción, 2024-2026

La respuesta institucional se ha articulado con rapidez inusual, y en tres niveles.

Un código de conducta. En julio de 2024, un grupo de trabajo coordinado por Cambridge Reproduction y la Progress Educational Trust, con investigadores en biociencias, juristas, bioeticistas y financiadores, publicó el primer código de conducta del mundo para la generación y uso de modelos embrionarios humanos (Cambridge Reproduction y Progress Educational Trust, 2024). Es un instrumento de autorregulación —no tiene fuerza legal— que establece un comité de supervisión encargado de revisar cada proyecto propuesto. Su elaboración incorporó un diálogo público previo cuyos resultados se publicaron en abril de 2024, un procedimiento que merece atención por sí mismo: es un intento deliberado de no repetir la secuencia habitual en que la controversia pública llega después del hecho consumado. El Nuffield Council on Bioethics publicó ese mismo año una revisión de las cuestiones éticas y de gobernanza pendientes (Nuffield Council on Bioethics, 2024).

Una clasificación técnica. La actualización de las directrices de la ISSCR de 2025 introdujo la distinción entre modelos no integrados —que reproducen solo algunos rasgos del embrión y carecen de tejidos extraembrionarios de soporte— y modelos integrados, como los blastoides, que se asemejan al blastocisto humano completo. La investigación con los primeros puede proceder sin revisión especializada; la de los segundos la requiere (Clark et al., 2025). El criterio es operativo y ha permitido desbloquear la actividad ordinaria de laboratorio, pero su solidez está en discusión: la propia literatura se pregunta si la frontera entre integrado y no integrado no habrá quedado obsoleta antes de consolidarse, y Lewis y Holm han señalado cuatro problemas prácticos, entre ellos que la supervisión especializada puede eludirse involuntariamente si el trabajo de integración se reparte entre varios protocolos sucesivos (Lewis y Holm, 2026).

Un conjunto de atributos moralmente relevantes. El desarrollo más interesante para los fines de esta monografía es el de Moris, Martinez Arias, Pera, Rivron, Sermon y de Graeff, que abordan la pregunta que las directrices dejaban abierta: si la evaluación ha de ser caso por caso, ¿qué debe evaluar exactamente el comité? Su propuesta identifica cuatro atributos que deben considerarse conjuntamente (Moris et al., 2026):

Tabla 6.1: Atributos propuestos para la supervisión ética de modelos embrionarios derivados de células madre. Fuente: Moris et al. (2026).
Atributo Qué pregunta Por qué es moralmente relevante
Estadio de desarrollo ¿Qué fase del desarrollo reproduce el modelo? Sustituye a la regla temporal por una descripción del estado alcanzado, con independencia de los días de cultivo
Integridad de tejidos y órganos ¿Qué estructuras se han formado y con qué grado de organización? Distingue un agregado de células de una estructura funcionalmente organizada
Potencial fetal ¿Podría el modelo continuar su desarrollo si se transfiriera? Reformula el argumento del potencial como propiedad verificable, no presunta
Capacidad de formar circuitos neurales ¿Hay actividad neural organizada, o podría haberla? Vincula la protección a la posible aparición de sintiencia, no al origen de la entidad

El cambio de enfoque merece subrayarse, porque es el que da sentido a todo el apartado. La regulación tradicional pregunta de dónde viene una entidad: si procede de la fecundación, es un embrión y recibe protección. El marco propuesto pregunta qué es capaz de hacer: qué estructuras ha formado, si podría desarrollarse, si podría llegar a sentir. Es un desplazamiento del origen a las propiedades que, de consolidarse, afectaría también a cómo se piensan los organoides cerebrales del caso anterior y las quimeras de Sección 6.4.

La analogía más útil para explicarlo en clase no procede de la biología sino del derecho de cosas. Durante siglos, la propiedad de un objeto se determinó por su procedencia —quién lo hizo, de quién lo recibió—; los sistemas modernos incorporaron criterios funcionales sobre el uso efectivo. El tránsito no fue pacífico ni está cerrado, y por las mismas razones: los criterios de origen son fáciles de verificar y difíciles de justificar, y con los criterios funcionales ocurre lo contrario.

6.5.4 Qué queda sin resolver

Tres cuestiones permanecen abiertas, y son las que conviene debatir.

La equivalencia moral. Si un modelo integrado llegara a ser indistinguible de un embrión en todo lo que consideramos moralmente relevante, ¿habría alguna razón para tratarlos de modo distinto? Quien responda que sí debe explicar qué hace el origen por fecundación que no hagan las propiedades; quien responda que no debe aceptar que la investigación con modelos quedaría sujeta a las mismas restricciones que la investigación con embriones, y con ello desaparecería buena parte del incentivo para desarrollarlos. La discusión sobre la (in)equivalencia moral está viva y no tiene una salida cómoda.

La sintiencia. El cuarto atributo de la tabla —capacidad de formar circuitos neurales— es el que más se aleja del debate clásico sobre el embrión y el que más se acerca a la ética animal. Aach, Lunshof, Iyer y Church lo anticiparon en 2017 al proponer el término SHEEF, synthetic human entities with embryo-like features, y argumentar que el criterio relevante no debía ser el parecido con un embrión sino la posible aparición de experiencia (Aach et al., 2017). Casi una década después, ese criterio se ha incorporado a las propuestas de supervisión.

El desfase normativo. El código británico es autorregulación; las directrices de la ISSCR son recomendaciones de una sociedad científica; ninguno de los dos vincula a un laboratorio en una jurisdicción que decida no adoptarlos. Es la misma estructura de arbitraje regulatorio descrita en Sección 5.3 para el cribado poligénico y en el Capítulo 4 para la edición germinal. La regularidad merece un comentario: en los tres casos, la comunidad científica ha ido por delante del legislador en la producción de normas, y en los tres el instrumento resultante carece de la fuerza que su objeto requeriría. Que eso sea un fallo del sistema o su mejor configuración posible es precisamente lo que hay que discutir.

NotaEjercicio de síntesis del apartado

Un equipo solicita autorización para cultivar un modelo embrionario humano integrado hasta el equivalente al día veintiuno de desarrollo, con el fin de estudiar el cierre del tubo neural —origen de la espina bífida—. El modelo no procede de fecundación. La legislación nacional no menciona estas entidades.

Redáctese, en una página, el dictamen del comité de supervisión, aplicando los cuatro atributos de la Tabla 6.1 y respondiendo de forma explícita a:

  1. ¿Es aplicable el límite de los catorce días a una entidad que no es un embrión en sentido legal? Justifíquese sin recurrir a la analogía sin más.
  2. El objeto de estudio es el tubo neural, de modo que el proyecto busca activamente el desarrollo de tejido neural. ¿Cómo se aplica el cuarto atributo cuando la propiedad moralmente sensible es la finalidad misma de la investigación?
  3. Si el comité deniega la autorización y el equipo traslada el proyecto a una jurisdicción sin regulación, ¿ha protegido algo el dictamen?

La pregunta 2 es la difícil, y no admite una respuesta que sea a la vez cómoda y coherente.

  • Marco ético general para la embriología con modelos: Rivron et al. (2023).
  • Criterios de estandarización técnica, previos a cualquier evaluación ética: Martinez Arias et al. (2024).
  • Génesis y función de la regla de los catorce días: Cavaliere (2017) y Hurlbut et al. (2017).
  • Revisión sistemática de la literatura jurídica y de políticas: Iltis et al. (2023).
  • Sobre el estatus del embrión y la creación de embriones para investigación: Devolder (2015).
  • Sobre gametos artificiales derivados de células madre, tratados aquí solo de pasada: Hendriks et al. (2015) y Imamura et al. (2013).